Description
Hay marcos que parecen haber sido discretos desde el primer día. Y hay otros, como este, que debieron colgar en una pared donde la luz entraba con decisión y el color importaba.
La madera está cubierta por una capa de rojo profundo, hoy suavizado por el tiempo. No es un desgaste uniforme ni calculado: aparecen zonas donde el dorado asoma, bordes que han sido tocados muchas veces, pequeñas pérdidas que revelan la estructura bajo la pintura. Esa erosión irregular tiene algo casi topográfico; invita a recorrerla con la yema de los dedos.
En el interior, una moldura de cuentas doradas —regular, casi rítmica— marca la transición hacia el paspartú en verde grisáceo y rojo. La combinación no es casual. Remite a interiores donde el color se utilizaba para crear profundidad y contraste, no solo para acompañar una obra sino para construir una escena completa en la pared.
Durante siglos, los marcos fueron objetos de prestigio. Talleres especializados competían en dorados, policromías y molduras que dialogaban con la arquitectura y con la pintura que contenían. Este ejemplar pertenece a esa tradición doméstica más teatral: pensado para sostener una imagen, sí, pero también para sostener una atmósfera.
Sus proporciones lo hacen adecuado para grabados, dibujos o pequeñas pinturas. También puede funcionar vacío, apoyado sobre una consola o integrado en una composición mural donde el color rojo aporte un contrapunto inesperado.
En nuestra tienda de antigüedades seleccionamos marcos antiguos y vintage que conservan no solo su estructura, sino su historia visible. Este no oculta el paso del tiempo; lo incorpora.
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