Description
Hay marcos concebidos para llamar la atención y otros pensados para sostenerla. Este pertenece claramente a los segundos.
Su acabado plateado envejecido no busca brillar: más bien acompaña. La madera deja entrever el paso del tiempo en pequeños matices, en zonas donde la pátina se suaviza y el color se vuelve más profundo, casi táctil. No es un plateado frío ni uniforme, sino uno trabajado, con memoria.
Por sus proporciones —69 × 55 cm— funciona especialmente bien con obra sobre papel, grabados antiguos, dibujos contemporáneos o incluso telas ligeras. Tiene ese equilibrio extraño que no impone época: puede convivir con una lámina del XIX, una fotografía actual o una pieza más experimental sin desentonar.
En interiores muy limpios aporta un punto de textura. En espacios más eclécticos actúa como pausa visual. Es el tipo de marco que no intenta explicar nada, pero acaba ordenándolo todo un poco mejor.
Quizá lo más interesante sea cómo cambia según la luz: por la mañana parece más sobrio; al caer la tarde, el plateado recoge tonos cálidos y la madera se hace más presente. Y ahí es cuando uno se da cuenta de que no todos los marcos están hechos para destacar… algunos están hechos para quedarse.
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