Description
Este marco podría haber pasado desapercibido en un taller, apoyado contra una pared junto a otros tantos. Y sin embargo, basta mirarlo un poco más de cerca para entender que está pensado desde la proporción, no desde el adorno.
La doble moldura introduce una lectura en capas: primero el blanco roto, ligeramente apagado, casi como un margen dibujado con lápiz; después el dorado, aplicado sin brillo excesivo, con una pátina que suaviza cualquier gesto grandilocuente. No hay contraste brusco, sino transición. Algo muy propio de marcos diseñados para durar más que las modas.
En piezas como esta se reconoce una manera de entender el marco como herramienta visual. No como objeto autónomo, sino como estructura. Sirve para ordenar una imagen, para darle peso sin endurecerla, para contener sin encerrar. Funciona especialmente bien con obra sobre papel, con pintura de paleta clara o incluso con fotografía contemporánea que necesita respiración alrededor.
La madera muestra pequeñas irregularidades, leves desgastes que no se han corregido. No distraen; más bien afinan el conjunto. Son señales de uso, de manipulación, de tiempo real. Detalles que hacen que el marco no parezca recién salido de fábrica, aunque no sea antiguo.
Colocado en una pared, no reclama atención inmediata. Pero cuando el ojo vuelve, sigue ahí, estable. Quizá esa sea su mayor cualidad: no impone una lectura, la sostiene.
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