Description
A veces un cuadro no entra en la habitación: entra en la memoria. Este lienzo heráldico colonial del siglo XVII tiene esa cualidad inquieta de los objetos que han viajado mucho y han escuchado demasiadas historias como para contarlas de golpe.
Lo encontramos en Palma de Mallorca, apoyado en un rincón, como si estuviera esperando que alguien se detuviera lo suficiente para descifrarlo. La superficie presenta ese craquelado antiguo que recuerda a mapas viejos: líneas que parecen caminos, fragmentos de tiempo suspendidos sobre la pintura.
En el centro, el blasón se despliega como un pequeño teatro simbólico. El león rampante, orgulloso y un punto desafiante, parece avanzar con una mirada más humana de lo que uno esperaría. A su lado, una torre con figura coronada observa desde su ventana, rígida pero no distante. Y bajo ella, las ondas doradas sugieren un territorio atravesado por ríos o mareas: quién sabe qué reino o qué familia buscaba contarse a través de estos signos.
La cinta superior, suavemente curvada, mantiene aún restos de inscripción. Una frase en latín que ha sobrevivido a siglos y que, como ocurre con algunos ecos, se entiende más por su presencia que por su claridad.
El marco pintado, con formas casi arquitectónicas, envuelve el conjunto con un estilo muy propio de la Escuela Colonial, donde Europa y América dialogaban a través del arte, mezclando motivos, técnicas y gestos culturales.
No es una pieza perfecta; ninguna que haya sobrevivido cuatrocientos años lo es. Pero su desgaste, sus bordes suavizados por el tiempo y su colorido todavía intenso son parte de su encanto… y quizá de su misterio. ¿A quién perteneció este escudo? ¿Qué manos lo encargaron? ¿En qué pared vivió antes de aparecer aquí?
Que cada uno lo intuya a su manera.
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