Description
Esta segunda cabeza tiene otro ritmo. La madera, más clara en algunas zonas, conserva un entramado de líneas que parecen recordar cada herramienta que la tocó. Hay algo más alargado en su rostro, algo que invita a pensar que fue tallada por otra mano o en un día distinto, cuando la luz del taller caía de otra manera.
Las millinery heads siempre han vivido en la frontera entre utilidad y escultura. Esta, en particular, sugiere una historia distinta a la primera: quizá formó parte de un taller donde los sombreros eran más experimentales, o quizá acompañó durante años a un aprendiz que todavía estaba aprendiendo a medir proporciones. Nadie lo sabe, pero la duda añade belleza.
La expresión, más afinada, tiene una serenidad curiosa, como si la pieza hubiese aceptado con naturalidad el paso del tiempo. La madera muestra pequeños puntos, signos de vida y desgaste, que no restan sino que suman: recuerdan que un objeto puede envejecer sin dejar de ser digno.
Colocada en un espacio contemporáneo, funciona casi como un rostro encontrado en una excavación doméstica: un vestigio que no intenta explicar nada, pero que hace compañía. Quizá sea esa mezcla de rusticidad y quietud la que la vuelve tan magnética.
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