Description
Hay piezas que llegan envueltas en una especie de silencio antiguo, como si el tiempo siguiera pegado a su superficie. Este lienzo heráldico del siglo XVII, una pintura de blasón propia de la Escuela Colonial, tiene precisamente esa cualidad: la de contener siglos de manos, casas y miradas que lo habitaron antes.
Lo encontramos en Palma de Mallorca, apoyado contra una pared encalada, ligeramente inclinado, como si estuviera esperando que alguien volviera a preguntarle quién había sido su dueño. Su tacto es denso, casi áspero, y la pintura muestra el craquelado fino que sólo aparece cuando la historia ha tenido paciencia.
En él se reconocen símbolos de linajes pasados: torres, emblemas, un ave de porte solemne que parece vigilar desde el interior del escudo. La composición es intensa, llena de bordes decorados y colores profundos que han sobrevivido cuatro siglos con una dignidad inesperada. Cuando la luz cae sobre la superficie, el relieve del pincel —ese gesto humano que revela al pintor detrás del blasón— aparece como un susurro.
Es fácil imaginar este lienzo presidiendo una sala con muebles antiguos, contrastando con piezas contemporáneas o aportando un toque solemne en un espacio más ecléctico. Algo en su presencia cambia la atmósfera: no impone, pero hace que uno se quede mirando un poco más de lo habitual.
Quizá sea justamente eso lo que lo hace tan especial: no se entrega del todo, deja que cada uno invente su propia genealogía, su propio capítulo dentro de una historia que empezó en el siglo XVII y sigue abierta.
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