Description
Hay obras que parecen llegar envueltas en una estación concreta.
Este ciervo de Pili Iglesias, por ejemplo, trae consigo un otoño imaginario: hojas cosidas una a una, retales que recuerdan a abrigos antiguos, y ese rojo profundo que podría ser el de un telar tradicional o el de una chimenea encendida al fondo de una casa rural.
La artista trabaja siempre con una mezcla preciosa de intuición y memoria. Cada tejido, antes de terminar convertido en forma, tuvo otra vida: un abrigo heredado, un paño gastado por el uso, un fragmento de tapicería que alguien guardó sin saber muy bien para qué. Pili los escucha y los ensambla, como si cada uno trajera su propia temperatura, su propio gesto.
En este cuadro, el ciervo aparece erguido, paciente, casi solemne. Los cuernos están hechos de capas improvisadas que simulan la rugosidad de la madera; las hojas, en cambio, parecen moverse si las miras demasiado tiempo. No hay prisa en su presencia. Tampoco nostalgia. Solo esa forma curiosa que tienen los animales de tela de recordarnos que la naturaleza también puede nacer del hilo.
Colgado en una pared, el cuadro funciona como un pequeño refugio: un trozo de bosque detenido, construido con retales que probablemente no pensaban volver a encontrarse.
Y quién sabe qué historia estaba empezando cuando estas piezas de tela empezaron a unirse.
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