Description
A primera vista, la escena es sencilla: un par de botas lilas, de tacón medio, bordadas sobre un fondo floral gastado. No hay figura humana, no hay paisaje. Solo ese gesto detenido, casi accidental, como si alguien las hubiera dejado ahí sin pensar que acabarían siendo observadas.
El fondo remite a textiles domésticos —telas de colcha, tapicerías antiguas— y establece un contraste suave con el dibujo más definido de las botas. La elección no parece casual: lo ornamental y lo funcional conviven sin jerarquías, como sucede en muchos interiores vividos, donde los objetos se acumulan por uso más que por intención decorativa.
Las costuras permanecen visibles. No buscan perfección ni simetría, y en esa decisión se percibe el tiempo del trabajo manual: cortar, superponer, ajustar, volver a coser. El bordado actúa casi como un dibujo en relieve, marcando contornos y dando peso visual a un motivo cotidiano que, fuera de contexto, pasaría desapercibido.
En la obra de Pili Iglesias, lo textil funciona como archivo silencioso. No hay nostalgia explícita, pero sí una atención constante a lo doméstico, a lo que se toca y se desgasta. Este cuadro no cuenta una historia cerrada; propone una pausa. Una escena que podría pertenecer a muchas casas y a ninguna en particular.
Colgado solo o acompañado de otras piezas, mantiene una presencia discreta. No reclama protagonismo, pero tampoco se diluye. Simplemente está, como esos objetos que uno recuerda haber visto durante años sin saber exactamente cuándo llegaron.
This post is also available in: Inglés













